lunes, 18 de agosto de 2008

Adiós al gran patriarca de la música popular brasileña


RIO DE JANEIRO (EFE).- El cantante y compositor Dorival Caymmi, uno de los mayores nombres de la música brasileña, murió ayer a los 94 años en su residencia de Copacabana, debido a una insuficiencia renal y fallas múltiples en distintos órganos. "Su obra permanecerá siempre viva en la memoria de los brasileños e iluminará a todos con la gracia y la alegría de sus músicas", dijo el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, en un mensaje de pésame a su viuda y a sus hijos.


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"El pelo blanco, la mirada vivaz y un poco traviesa; la clásica marinera a franjas horizontales que le da un aire de viejo pescador; la mano en las manos de su guapa Stella Maris, siempre cerca desde que se casaron hace mucho, en otro cumpleaños, el de los 26." Así describía Fernando López desde estas páginas, en mayo de 2004, una doble celebración: la del cumpleaños número 90 de Dorival Caymmi y la del lanzamiento del álbum doble que, a modo de tributo, y para darle todavía más lustre al festejo, le regalaron algunos de los más destacados músicos de Brasil.

El retrato no se corresponde únicamente con ese momento preciso y tan especial de la vida del "excelso mandarín bahiano", como bautizó alguna vez a Caymmi uno de sus grandes compinches artísticos, Vinicius de Moraes. Cuando los dos llegaron a Buenos Aires en 1968 para compartir un memorable concierto en el Opera y alguna aparición televisiva, las fotografías de cuatro décadas atrás lo muestran con los mismos rasgos esenciales: sonriente, jovial, pícaro, carente, a primera vista, del mínimo apego a cualquier clase de moda pasajera.

Del mismo modo, su música jamás se distanció de esa imagen: no tiene época. Perdura a fuerza de frescura, de naturalidad, con "una encantadora sencillez que nunca deja ver su ardua elaboración", como subraya López, porque la mayoría de sus canciones aludían a los mismos temas y respondían a la misma inspiración: Bahía, el mar, la mujer, los pescadores, la vida de todos los días de sus pobladores. "No hay una sola frase suya, de música o poesía que sea circunstancial", precisó Jorge Amado, otro gran bahiano que lo conocía muy bien.

“El tiempo no se detiene, la vida tampoco” (Abel Desestress)